Anorexia nerviosa (AN)

 

 

La anorexia nerviosa es uno de los trastornos de la conducta alimentaria más frecuentes, cursando este trastorno con un miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obeso. A este miedo se le suma una alteración de la percepción de la propia imagen corporal, de la percepción del peso o la silueta corporal.

 

Las personas que padecen de anorexia nerviosa muestran un rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal considerado por edad y talla, generándoles una ansiedad intensa que tratan de regular a través de una restricción de la ingesta de comida, que conduce a un peso corporal significativamente bajo.

 

 

Síntomas de la anorexia nerviosa

 

 

La anorexia nerviosa presenta los siguientes tres síntomas:

 

  1. Restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, que conduce a un peso corporal significativamente bajo con relación a la edad, el sexo, el curso del desarrollo y la salud física. Peso significativamente bajo se define como un peso que es inferior al mínimo normal o, en niños y adolescentes, inferior al mínimo esperado. 
  2. Miedo intenso a ganar peso o a engordar, o comportamiento persistente que interfiere en el aumento de peso, incluso con un peso significativamente bajo. 
  3. Alteración en la forma en que uno mismo percibe su propio peso o constitución, influencia impropia del peso o la constitución corporal en la autoevaluación, o falta persistente de reconocimiento de la gravedad del bajo peso corporal actual. 

 

Además, podríamos señalar dos subtipos de anroexia nerviosa:

 

  • Tipo restrictivo: durante los últimos tres meses, el individuo no ha tenido episodios recurrentes de atracones o purgas (es decir, vómito autoprovocado o utilización incorrecta de laxantes, diuréticos o enemas). Este subtipo describe presentaciones en las que la pérdida de peso es debida sobre todo a la dieta, el ayuno y/o el ejercicio excesivo. 
  • Tipo con atracones/purgas: durante los últimos tres meses, el individuo ha tenido episodios recurrentes de atracones o purgas (es decir, vómito autoprovocado o utilización incorrecta de laxantes, diuréticos o enemas).

 

 

 

 

La gravedad mínima se basa, en los adultos, en el índice de masa corporal (IMC) actual, quedando como sigue: 

 

  • Leve: IMC 17 kg/m2
  • Moderado: IMC 16-16,99 kg/m
  • Grave: IMC 15-15,99 kg/m2 
  • Extremo: IMC < 15 kg/m2 

 

 

Los individuos con este trastorno suelen tener miedo intenso a ganar peso o a engordar. Este miedo intenso a engordar no se alivia por lo general con la pérdida de peso. De hecho, la preocupación por ganar peso puede aumentar incluso cuando se pierde. Los individuos más jóvenes con anorexia nerviosa, así como algunos adultos, pueden no reconocer ni admitir el miedo a ganar peso.

 
La percepción y la importancia del peso corporal y la constitución están distorsionadas en estos 
individuos
. Algunas personas sienten que tienen sobrepeso en general, otras se dan 
cuenta de que están delgadas pero les preocupa que algunas partes de su cuerpo, particularmente el 
abdomen, las nalgas y los muslos, están "demasiado gordos". Pueden emplear diferentes técnicas 
para valorar la talla o el peso corporal, como pesarse con frecuencia, medir obsesivamente partes del cuerpo y usar insistentemente el espejo para comprobar zonas de "grasa". La autoestima de los individuos con anorexia nerviosa depende mucho de cómo perciben su peso y su constitución corporal. 


La pérdida de peso se ve a menudo como un logro impresionante y un signo de extraordinaria autodisciplina, mientras que el aumento de peso se percibe como un fracaso inaceptable del autocontrol.

 
Aunque algunos individuos con este trastorno pueden admitir que están delgados, a menudo no reconocen las graves consecuencias médicas de su estado de desnutrición. A veces, el individuo es conducido a la consulta del profesional por los miembros de su familia después de una marcada pérdida de peso (o de no ganar el peso esperado). Si los individuos buscan ayuda por su cuenta, se debe normalmente al malestar asociado a las secuelas somáticas y psicológicas del hambre. Es raro que un individuo con anorexia nerviosa se queje de la pérdida de peso en sí. De hecho, las personas con anorexia nerviosa frecuentemente no tienen un concepto claro del problema o directamente lo niegan. En consecuencia, suele ser importante obtener información de los miembros de la familia o de otras fuentes para evaluar los antecedentes de la pérdida de peso y otras características de la enfermedad.

 

 

 

 

La semihambre de la anorexia nerviosa y los comportamientos de purga que a veces se asocian a la misma pueden llevar a desarrollar afecciones médicas que pueden suponer una amenaza importante para la vida. El compromiso nutricional asociado a este trastorno afecta a la mayor parte de los sistemas orgánicos principales y puede producir varias alteraciones. Entre las alteraciones fisiológicas se encuentra la amenorrea, y son frecuentes las anomalías de las constantes vitales. Aunque la mayoría de las alteraciones fisiológicas asociadas a la malnutrición son reversibles mediante la rehabilitación nutricional, algunas, como la pérdida de densidad mineral ósea, a menudo no lo son del todo.

 
Comportamientos tales como el vómito autoprovocado y la utilización incorrecta de laxantes, diuréticos y enemas pueden causar alteraciones que generan resultados analíticos anormales; sin embargo, algunos individuos con anorexia nerviosa no muestran anomalías en las pruebas de laboratorio. 


Muchas personas con anorexia nerviosa tienen signos y síntomas depresivos, como ánimo deprimido, aislamiento social, irritabilidad, insomnio y disminución del interés por el sexo, cuando tienen un peso muy bajo. Debido a que estas características también se observan en las personas que no presentan anorexia nerviosa pero que están bastante desnutridas, se puede deducir que muchas de las características depresivas pueden ser secundarias a las secuelas fisiológicas de la semihambre, aunque también podrían ser lo suficientemente graves como para justificar un diagnóstico adicional de trastorno depresivo mayor

 

 

¿Por qué se produce la anorexia?

 

 

Existen varias razones por las que una persona desarrolla un trastorno alimentario. Algunas pueden haber sido víctimas de abuso físico, emocional y/o sexual; vivido en una familia en la que se negaba cualquier emoción negativa, discrepancia o conflictiva; o se abusaba del alcohol. Otras han pasado una etapa en la infancia en la que fueron el “gordito” y recibieron numerosas burlas de sus compañeros.

 

Dentro de los factores de riesgo de los trastornos de comportamiento alimentario con mayor apoyo empírico, entre los psicosociales están: la presión social por estar delgado, la interiorización del modelo estético delgado y la dieta restrictiva.
Entre los personales, se han mencionado la insatisfacción corporal, la historia de
burlas relacionadas con la apariencia física por parte de los pares y/o de los progenitores, la autoestima baja, el afecto negativo y el perfeccionismo. Y, por último, entre los factores mantenedores están las creencias o esquemas cognitivos pro dieta y delgadez, el afecto negativo y las conductas purgativas, así como las actitudes de familiares y amigos.

 

 

Cualesquiera que hayan sido las razones, los pacientes, sus familias y los terapeutas tienen que saber que el trastorno alimentario ha sido la manera de enfrentar sus sentimientos y emociones negativas, sus miedos, sus supuestas deficiencias. Los Trastornos de la Conducta Alimentaria no existen en vacío ni ocurren en una persona con una vida plena y emocionalmente
sana. 

 

Resultado de la solución (valía personal y auto-estima según la apariencia corporal) que la sociedad actual da a los problemas existenciales, los trastornos de la conducta alimentaria surgen cuando se intenta utilizar el control del peso y la manipulación de la ingesta para obtener la seguridad relacional deseada. Los conflictos más frecuentes incluyen la superación de unos sentimientos permanentes de incapacidad, el control de las emociones, la evitación de los retos y las dificultades que la vida nos plantea.

 

 

Desarrollo y curso de la anorexia

 

 

La anorexia nerviosa suele empezar durante la adolescencia o la edad adulta temprana. Rara vez empieza antes de la pubertad o después de los 40 años, aunque se han descrito casos de inicio tanto temprano como tardío. El inicio de este trastorno se suele asociar a un acontecimiento vital estresante, como dejar el hogar familiar para ir a la universidad.

 

El curso y el desenlace de la anorexia nerviosa son muy variables. Las personas más jóvenes pueden manifestar características atípicas, como negar el "miedo a estar gordo", mientras que en los individuos de mayor edad es más probable que la enfermedad tenga una mayor duración, y la presentación clínica puede contar con más signos y síntomas propios de un trastorno de larga duración.

 

Además, es importante el alto riesgo de suicidio en las personas con anorexia, resultando de vital importancia que las evaluaciones psicológicas analicen pormenoruzadamente a los pacientes de este trastorno.

 

 

Comorbilidad con la anorexia

 

 

Los trastornos de ansiedad, depresivos y bipolares concurren frecuentemente con la anorexia nerviosa. Muchos individuos con anorexia nerviosa refieren la presencia de síntomas ansiosos o un trastorno de ansiedad antes del inicio del trastorno de la conducta alimentaria. En algunos individuos con anorexia nerviosa se han descrito casos de TOC, especialmente en los de tipo restrictivo.

 

El trastorno por abuso de alcohol y otros trastornos por consumo de sustancias también pueden ser comórbidos con la anorexia nerviosa, especialmente en el tipo con atracones /purgas. 

 

 

Diagnóstico diferencial

 

El diagnóstico diferencial de la anorexia debe descartar los siguientes trastornos con sintomatología similar o parecida:

 

 

Versión para imprimir | Mapa del sitio Recomendar esta página
© Psicología Enrique Santos / 659827222 / info@psicologiaenriquesantos.es

Llamar

E-mail

Cómo llegar