Trastorno por consumo de cannabis

 

 

El trastorno por consumo de cannabis (o adicción al cannabis) se caracteriza por la presencia de un patrón problemático de consumo de cannabis que provoca un deterioro o malestar clínicamente significativo. Este malestar se manifiesta en, al menos, dos de los siguientes síntomas en un plazo de 12 meses:

 

  1. Se consume cannabis con frecuencia en cantidades superiores o durante un tiempo más prolongado del previsto. 
  2. Existe un deseo persistente o esfuerzos fracasados de abandonar o controlar el consumo de cannabis. 
  3. Se invierte mucho tiempo en las actividades necesarias para conseguir cannabis, consumirlo o recuperarse de sus efectos. 
  4. Ansias o un poderoso deseo o necesidad de consumir cannabis. 
  5. Consumo recurrente de cannabis que lleva al incumplimiento de los deberes fundamentales en el trabajo, la escuela o el hogar. 
  6. Consumo continuado de cannabis a pesar de sufrir problemas sociales o interpersonales persistentes o recurrentes, provocados o exacerbados por los efectos del mismo. 
  7. El consumo de cannabis provoca el abandono o la reducción de importantes actividades sociales, profesionales o de ocio. 
  8. Consumo recurrente de cannabis en situaciones en las que provoca un riesgo físico.
  9. Se continúa con el consumo de cannabis a pesar de saber que se sufre un problema físico o psicológico persistente o recurrente probablemente causado o exacerbado por el mismo. 
  10. Tolerancia, definida por alguno de los signos siguientes: 
    1. Una necesidad de cantidades cada vez mayores de cannabis para conseguir la intoxicación o el efecto deseado. 
    2. Un efecto notablemente reducido tras el consumo continuado de la misma cantidad de cannabis.

 

 

Efectos del cannabis

 

 

Los efectos de la marihuana varían muchísimo dependiendo de la calidad y la dosis consumida, la personalidad y el estado de ánimo del sujeto, sus experiencias anteriores con la droga, el entorno social, y sus expectativas. Sin embargo, los efectos habituales cuando la marihuana se fuma y se inhala son: la sensación de euforia que se caracteriza por sentimientos de bienestar, aumento de la agudeza perceptiva, relajación, sensación de estar “flotando” o la sensación de que el tiempo se estira y distorsiona.

 

 

Cuando se fuma, la marihuana se absorbe rápidamente, y sus efectos aparecen en cuestión de segundos, aunque raramente duran más de dos o tres horas, y puede también generar sensaciones desagradables. Por ejemplo, si se consume cuando se está en una situación de estrés, hostilidad, suspicacia o temor, puede llegar a intensificar esos sentimientos. Con dosis elevadas, algunos individuos más o menos inestables o susceptibles pueden experimentar una fuerte ansiedad y depresión, así como ideas delirantes, alucinaciones, y otras experiencias de tipo psicótico. Hay pruebas de que existe una fuerte relación entre el consumo cotidiano de marihuana y la ocurrencia de síntomas psicóticos.

 

La marihuana también provoca trastornos en la memoria y una mayor lentitud en el procesamiento de la información. El uso continuado de dosis altas durante mucho tiempo tiende a producir letargo y pasividad (síndrome amotivacional). En estos casos la marihuana parece tener un efecto depresivo y alucinógeno.

 

En cuanto al síndrome de abstinencia del cannabis, la sintomatología es variada y depende de la dosis, el tiempo y la frecuencia del consumo y la personalidad previa. Así por ejemplo, algunos estudios han mostrado que consumidores diarios de cannabis durante más de 70 meses presentaban ansiedad, tensión, insomnio, anorexia, cansancio, dificultad de concentración, irritabilidad disforia y agresividad, así como síntomas y signos físicos (sudoración, temblor, mialgias, náuseas y diarreas).

 

 

Decir también que, lejos del mito, el cannabis conduce a desarrollar tolerancia y provoca síndrome de abstinencia, es decir, el cannabis produce dependencia física


En cuanto a la intoxicación por cannabis los efectos también son múltiples y variados: encontramos síntomas físicos como taquicardia, aumento de la presión arterial, inyección conjuntival, aumento del apetito, sequedad de boca, cierta torpeza en la coordinación del movimiento y el equilibrio, y reacciones o reflejos lentos. Los síntomas psíquicos más frecuentes son cambios conductuales con euforia y ansiedad, síntomas de suspicacia e ideación paranoide, sensación de lentitud en la percepción del tiempo y retraimiento. Suele aumentar la sensibilidad del individuo a los estímulos externos, los colores se perciben más brillantes y los sonidos más intensos. A dosis más altas pueden darse episodios de despersonalización o de desrealización y toda suerte de síntomas psicóticos.
También se encuentra implicado en la regulación de la actividad motora, lo que explica que el consumo de cannabis produzca una disminución del nivel de actividad y mayor dificultad en la coordinación de movimientos.


El potencial terapéutico del cannabis ha sido revisado ampliamente en numerosas publicaciones científicas. Existe evidencia científica para su uso terapéutico en el caso de las náuseas y vómitos secundarios al tratamiento con antineoplásicos, la pérdida de apetito en el VIH y el cáncer terminal y el tratamiento del dolor neuropático en la esclerosis múltiple.

 

 

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