Sexualidad y cocaína

 

 

A día de hoy muchas personas piensan que el consumo de sustancias puede mejorar la experiencia sexual, que pueden experimentar sensaciones más intensamente que si lo hicieran sin estar bajo los efectos de la cocaína. Así por ejemplo, surge el llamado chemsex. Un consumo de drogas con fines sexuales, dando lugar a largas sesiones de sexo, que pueden prolongarse durante horas o incluso varios días, con el riesgo que eso implica para la salud de estas personas.

 

Además, muchas personas están convencidas de que la cocaína tiene un efecto afrodisíaco, lo cual es un mito. La realidad es bien distinta: aunque su uso esporádico incrementa las sensaciones corporales y produce un estado de euforia, las consecuencias del consumo de cocaína en la sexualidad suelen ser contrarias al mito.

 

 

¿Qué es la cocaína?

 

 

La cocaína es uno de los psicoestimulantes naturales del sistema nervioso central más potentes que se conocen, por eso se la considera la reina de las drogas, siendo sin lugar a dudas una de las sustancias más peligrosas que existen. 

 

Se ha convertido en la droga de la sociedad moderna, donde lo que parece importar es el triunfo y el éxito social, fomentando la competitividad. Para ello es necesario rendir al cien por cien creando un caldo de cultivo perfecto para el uso de dicha sustancia. Por ello muchas personas consumen cocaína antes o durante sus encuentros sexuales, pretendiendo “rendir al cien por cien” o vivir sensaciones muy intensas y elaboradas artificiosamente.

 

En principio, podemos caer en la idea de que esto no es un problema, pero, ¿qué sucede cuando habituamos al cerebro a un grado de estimulación muy elevado como el que produce la cocaína?

 

 

Como podéis imaginar, habituar al cerebro a recibir tales dosis de estimulación y, hacerlo de manera asociada al sexo, va generar un problema a la larga: las relaciones sexuales sin esta sustancia se convierten en aburridas y anodinas, poco estimulantes; y, he aquí, donde puede comenzar un adicción a la cocaína (en la búsqueda de sensaciones intensas y placenteras). A esto, se le suman otras dificultades, como por ejemplo que, resultado del bajo deseo sexual, comiencen a surgir los primeros conflictos de pareja. O como sucede en las parejas donde ambos miembros consumen cocaína para mantener relaciones sexuales, dónde es la pareja la que fomenta el consumo de la cocaína para que el deseo sexual sea el óptimo o al menos el deseado.

 

 

¿Qué efectos produce la cocaína en nuestra sexualidad?

 

 

Muchos pacientes describen la experiencia como un “intenso subidón”, una “montaña rusa” con sensaciones amplificadas. Y efectivamente, ese va a ser uno de los efectos que tenga la cocaína: amplificar las sensaciones experimentadas en los genitales y otras partes del cuerpo.

 

Además, la cocaína facilita la desinhibición conductual que muchos hombres no consiguen sin consumir sustancias (como el alcohol), lo que puede producir que las primeras experiencias cocaína-sexo sean muy satisfactorias o permitan a la persona hacer “desaparecer” algunos problemas (como la ansiedad por ejecución, es decir, el temor a no rendir o ‘estar a la altura’).

 

 

Bajo los efectos de la cocaína, la persona se percibe a sí misma de un modo más seguro y confiado, se muestra eufórica, alimentando la sensación de que la coaína es "salvadora" de problemas sexuales

 

Estos efectos "positivos" remarcan las creencia de muchas personas de que la cocaína les hace funcionar mejor a nivel sexual. Como se observa en hombres que acuden a consulta verbalizando la necesidad "cubierta" con la cocaína de “poder durar más en la cama”. A poco que pensemos acerca de lo que nos están contando, podemos intuir ese miedo a no rendir, “a no estar como presuponen que deben estar”, no afrontando en realidad ese miedo y, en consecuencia, aumentándolo.

 

 

 

 

Otros individuos manifiestan que bajo los efectos de la cocaína las erecciones son más potentes, y si bien, no es algo descrito por todos los consumidores, esconde otro problema dado que a largo plazo la disfunción eréctil hace su aparición. Cuando esto sucede, es habitual que la persona experimente sensaciones de frustración y desesperación dado que atribuyen a la cocaína la "calidad" de dichas erecciones (lo que refuerza un consumo cada vez más habitual y dependiente).


Por último, encontramos a personas que consumen cocaína y que atribuyen a esta un papel de “salvadora”. Es decir, valoran muy positivamente el efecto de desinhibición y la ausencia de vergüenza para realizar determinadas prácticas sexuales bajo los efectos de la cocaína. La contra, lógicamente, es una vez más la función de dependencia que se establece con la sustancia para poder llevar a cabo prácticas que desean realizar.

 

¿Qué efectos tiene la cocaína en nuestra sexualidad a largo plazo?

 

 

A medida que se van asociando los encuentros sexuales y el consumo de la cocaína, comienzan a aparecer consencuencias del consumo. Podríamos empezar por decir que la cocaína afecta a todas y cada una de las fases de la respuesta sexual (deseo, excitación, meseta, orgasmo) a largo plazo.


El consumo de cocaína se encuentra asociado a la aparición de múltiples disfunciones sexuales y problemas psicológicos como:

 

  • Disfunción eréctil
  • Priapismo (erecciones dolorosas y prolongadas)
  • Dificultades para alcanzar el orgasmo 
  • Disfunciones relacionadas con la eyaculación (como la eyaculación retardada)
  • Disfunciones del deseo (reduciéndolo considerablemente) 
  • Problemas de autoestima, ansiedad y depresión
  • Adicción al alcohol y la cocaína
  • Conflictos de pareja

 

 

Conclusiones

 

 

El consumo de cocaína, como hemos podido ver a lo largo del artículo, tiene una serie de inconvenientes y problemas que no compensan su consumo. Es evidente que todavía es necesario proporcionar a la población una mayor cantidad de información sobre los efectos secundarios de las drogas en la sexualidad; que el consumidor entienda que, a pesar de las ventajas que a corto plazo pueden presentar algunas sustancias, a largo plazo los inconvenientes se incrementan de forma exponencial.

 

En parte, esta relación entre la sexualidad y las drogas puede venir generada de una deficiente o inexistente educación sexual, que preparase a las personas a no comprender la sexualidad en un constructo dicotómico en el que las personas valen o no valen, son buenas en la cama o no lo son, son hombres o no lo son…

 

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