Soy muy sensible: ¿Cómo influye en la relación de pareja?

 

 

La sensibilidad es la capacidad para percibir los estímulos de nuestro entorno. Por tanto, la sensibilidad emocional sería a la capacidad que tenemos para identificar, ser conscientes, experimentar y vivir una emoción. A menudo, interpretamos que tener una sensibilidad marcada es un rasgo de nuestra personalidad que nos perjudica, más que aportar en positivo. Muchas personas se plantean: ¿es mi sensibilidad un problema?, ¿soy yo el problema?, ¿… o lo son los demás?

 

No todas las personas somos emocionalmente igual de sensibles, igual que tampoco experimentamos el dolor físico de la misma manera ni tampoco una obra de arte. Esta característica a veces supone un conflicto en la relación de pareja, siendo la expresión de sentimientos por parte de la persona sensible una fuente de irritación para las personas menos sensibles, más aún si no se maneja adecuadamente. 

 

Las personas con gran sensibilidad emocional parecen captar intuitivamente cómo se sienten los demás, cómo afrontan las situaciones, etc. A la inversa, a una persona con baja sensibilidad emocional puede que le sea muy difícil en ocasiones entender intuitivamente lo que el otro está sintiendo. Este tipo de personas puede necesitar muchas más explicaciones y demandas más directas y específicas para poder apoyar y responder emocionalmente. La baja sensibilidad emocional puede dejar a una pareja con un sentimiento de ser incomprendida o incluso llevarla a creer falsamente –aunque pueda entenderse por qué– que el otro no se preocupa de ella.


Estas diferencias en la sensibilidad provienen de procesos normales de desarrollo, la forma en que nuestros padres manejaban las situaciones conflictivas durante nuestra infancia, así como el temperamento básico con el que se haya nacido, etc. Entender las sensibilidades recíprocas puede ayudar a las parejas a aprender cómo comunicar más eficazmente; intentar aumentar o disminuir la propia sensibilidad puede también promover interacciones más efectivas y relaciones más sanas.

 

 

¿Debo enfocar mi sensibilidad hacia aspectos positivos? ¿Y si intento omitir la parte negativa de mi sensibilidad?

Muchos factores influyen en el desarrollo de una relación de pareja, como por ejemplo la calidad de la intimidad en la relación, una comunicación cálida, un intercambio de estímulos agradables, la expresión de nuestros deseos y nuestras opiniones, la manera en que una pareja resuelve sus conflictos, y un largo etcétera. Por el contrario, la ausencia de vínculos afectivos en una relación de pareja, o de su adecuada expresión emocional, contribuirá al desarrollo de sensaciones de malestar, falta de aceptación y en general más problemas en la relación.

 

Es de especial trascendencia tener en cuenta que si eres una persona sensible (o lo es tu pareja), ocultar o evitar lo que sientes (o siente tu pareja) no traerá nada bueno, lo que no significa tampoco que debas siempre expresar todo lo que sientes en todo momento. Comenzaremos por definir qué son los afectos positivos y negativos, para más tarde ver cómo influyen en una relación.

 

 

Afectos negativos y positivos: ¿cómo se expresan?

 

 

A la hora de considerar y analizar los aspectos afectivos que contribuyen a la construcción de una relación saludable, hay que tener en cuenta la importancia de atender a una doble vertiente: manifestar los aspectos positivos y los negativos.

 

La manifestación de afectos positivos es un factor de relevancia para una relación de pareja estable. Entre las formas más destacables de realizar estas manifestaciones se pueden destacar las siguientes:

 

 

 

 

Por otro lado nos encontraríamos con la manifestación de afectos negativos, siendo también estos de vital importancia, por lo que la elusión o evitación de los mismos solo conllevaría a un incremento de los conflictos en la relación. La expresión de estos afectos normalmente va asociada al incumplimiento de las expectativas de uno o ambos miembros de la pareja. Podemos destacar cuatro formas de comunicar los afectos negativos:

 

 

¿Qué nos dice la ciencia acerca de todo esto?

 

 

Las investigaciones han concluido de forma reiterada que entre las utilizaciones inadecuadas de los afectos que pueden llevar al deterioro o la ruptura de la pareja están:

 

  • La evitación sistemática de conflictos, pues supone una falta de comunicación adecuada y un posterior aumento de la problemática no solucionada.
  • Dejarse llevar por la emoción ante conflictos, pues dificultará encontrar soluciones de manera racional.
  • La impulsividad por parte de uno o ambos miembros de la pareja para solucionar un conflicto, sin contar con otras opciones más viables.
  • El enquistamiento en temas dolorosos para la pareja, pues hará que los momentos compartidos sean vividos como desagradables.
  • Las críticas constantes sin habilidad para realizarlas de forma adecuada, pues suelen causar un aumento de las discusiones en vez de una disminución de éstas.

 

 

Con independencia de lo sensibles que podamos ser, cuando advertimos algo emocionalmente relevante nuestra reacción puede ser ligera o intensa. Las grandes reacciones suelen ser más ruidosas y expresadas con mayor inmediatez e intensidad, además de ser acompañadas por una mayor agitación emocional. De este modo, las reacciones de gran intensidad pueden comunicar con mayor claridad lo que está sintiendo una persona, pero también pueden tener como consecuencia que se reaccione demasiado rápidamente, nos hagan sentir (o se lo produzca a tu pareja) una intensa incomodidad o incluso una auto desregulación marcada antes de que se disponga de toda la información.


Por supuesto, esto puede ser a veces contraproducente: si la reactividad ha sido menor, la respuesta podría haber sido totalmente diferente y más funcional. Por el contrario, las pequeñas reacciones –a menudo más tranquilas, lentas y expresadas con menos intensidad– dan tiempo para comprender toda la situación, pero quizá no comunican eficazmente lo importante que es la situación o cómo se está sintiendo alguien, lo cual fácilmente acaba en malentendidos. Aprender a regular la reactividad (expresión más rápida e intensa o expresión menos rápida y menos intensa) constituye una parte importante del aprendizaje en la gestión de nuestras emociones.

 

 

“Un, dos y tres, yo me calmaré…”

Con esta frase, Carl Winslow trataba infructuosamente de regularse y calmarse en la famosa serie de televisión “Cosas de casa”. Cada intento de Carl por volver a sentirse relajado era cada vez más complicado y, aunque es cierto que necesitaba aprender a calmarse, también lo es que el método no era de lo más acertado.

 

 

Por definición, el equilibrio emocional es un estado regulado en el que podemos pensar y actuar con claridad, deliberada y eficazmente. Cuando se eleva nuestro grado de excitación, necesitamos un determinado lapso de tiempo para volver a nuestro nivel base. A algunas personas les sucede muy rápidamente, quizá solo en unos segundos o varios minutos. A otras, puede llevarles muchos minutos o incluso horas. No solo es doloroso tener una intensa agitación emocional negativa por mucho tiempo, sino que además ello implica que, mientras tanto, estas personas son vulnerables a un aumento de reactividad y a desregularse, porque su grado de agitación ya es elevado. Comprender cuánto tiempo se necesita para volver al equilibrio emocional puede ayudar a las parejas a decidir si, cuándo y durante cuánto tiempo deberían hacer un alto cuando están discutiendo, en especial sobre cuestiones emocionales.

 

Y habrá quien considere que esto no es una buena idea, que su pareja aprovechará las circunstancias para “salirse con la suya” o para evitar el conflicto. Sin embargo, debemos recordar que cuando nuestro grado de excitación emocional es muy elevado, disminuye nuestra capacidad para adoptar una visión equilibrada o a largo plazo, y nuestra capacidad de pensar y razonar se encuentra igualmente desbordada. En consecuencia, decimos y hacemos cosas que reflejan este desbordamiento, nos ponemos a la defensiva o simplemente no describimos nuestros sinceros deseos y emociones que yacen bajo nuestra excitación negativa. Y es por esto, que muchas veces será una gran “inversión” dejar de discutir para tomar un descanso; eso si, comprometiéndonos para seguir en otro momento por donde nos hemos quedado.


Plantéate si al estar en un estado de agitación emocional, tu o tu pareja, en lugar de expresar la frustración con precisión y comunicar que se anhela más cercanía y pasar más tiempo juntos (comunicación precisa), se sustituye por una crítica a la pareja bajo etiquetas como “egoísta” o nos limitamos a fruncir el ceño y mostrar la frustración o incluso el desprecio. Y también, plantéate si tu pareja o tu entendéis lo que el otro está sintiendo al fruncir el ceño…

 

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