La pareja inestable, la pareja superficial y la pareja compañera

 

 

El amor es una emoción absolutamente imprescindible en el ámbito de las relaciones de pareja. Sin el amor la pareja de este siglo XXI pierde todo sentido. Hablaríamos de “sociedad de gananciales”, “copropietarios”, “familia”, “compañeros”, etc., pero no auténticamente de pareja. Sternberg (1988), en su estudio sobre el amor en las relaciones de pareja, determinó tres elementos imprescindibles: la intimidad, el deseo (o pasión) y el compromiso. La combinación de esta tríada vendría a aportarnos la relación de pareja satisfactoria. 

 

 

 

 

La intimidad aporta la sensación de sentirse comprendido y comprender, de empatizar mutuamente, de sentirse apoyado y apoyar, de compartir. Es un componente nuclear que representa el sentimiento, dentro de la relación, que promueve el acercamiento, el vínculo y la conexión. Las palabras clave que nos acotan el concepto son: confianza, conocimiento mutuo, vulnerabilidad, poder y cohesión.


Encontramos intimidad cuando existe:

 

  • Deseo de promover el bienestar de la persona amada.
  • Sentimientos de felicidad junto a la persona amada.
  • Apoyo emocional recíproco.
  • Comunicación íntima, entendimiento y conocimiento mutuo.
  • Deseos de compartir (tiempo, actividades, amigos, objetos, etc.).
  • Respeto, ayuda y valoración.

 

 

 

El deseo se muestra en la sensación intensa de disfrutar con el otro, de estar con la persona amada. Las palabras clave que determinan este elemento son: pasión, anhelo, calor, entusiasmo, vivacidad, apego. Hablamos de deseo cuando

encontramos:

 

  • Atracción e interés.
  • Búsqueda de placer.
  • Satisfacción.
  • Sentimientos de pertenencia (no de posesión).
  • Deseo sexual.

 

El deseo sexual, por tanto, está incluido en este elemento. Pero el deseo va más allá del encuentro sexual. Es el deseo de estar con la persona más importante de nuestra vida. La sensación de estar con la persona con la que más a gusto nos encontramos. No es la única persona importante, no es la única persona con la que nos encontramos bien, pero si es la más importante. Si es la única, podemos encontrarnos, más que con el deseo, con posesión o dependencia. Deseo, no posesión o dependencia, es, por tanto, un ingrediente que da vivacidad a la relación de pareja y que fomenta un apego saludable. Este ingrediente hace deseable el contacto físico (abrazos, besos, caricias) y el contacto emocional (expresión de sentimientos, de gustos y disgustos). Es el ingrediente necesario e imprescindible para hablar de amor. Es el ingrediente que nos aporta la sensación de exclusividad. Determinadas acciones, determinados sentimientos y determinados pensamientos son sólo para la persona amada. No son exportables al resto de seres queridos. Es el deseo de querer estar con esa persona más que con ninguna otra.

 

 

El tercer elemento, el compromiso, en ocasiones es entendido como el menos deseado de los elementos. Es un error. Cuando entendemos el compromiso como el grado en el cual una persona está dispuesta a acoplarse a alguien y hacerse cargo de esa relación hasta el final, percibimos que es el componente que da estabilidad a la relación.


Es evidente que mientras dos personas no sean clónicas va a haber diferencias. Va a ser necesario un esfuerzo por acoplar y ajustar, por rentabilizar las diferencias. Además, este esfuerzo vale la pena si pensamos lo extremadamente aburrido que sería vivir con un clon nuestro. Por tanto, la palabra acoplar es imprescindible en la relación de pareja: ser capaces de adaptarse en un proyecto de vida en común, en un objetivo común.


Las palabras que mejor definen este elemento son: acuerdo, alianza, lealtad, honestidad, seguridad, libertad. Seguridad y libertad como auténticos antídotos del miedo y la tensión. Tensión y miedo hacen muy mala pareja con el amor.
Concretamente, al hablar de compromiso hablamos de:

 

 

  • Confianza.
  • Responsabilidad asumida.
  • Reconocimiento de obligaciones.
  • Legítimos intereses personales, de pareja y familiares.

 

Estamos hablando, y es importante subrayarlo, de compromiso, de interés, y no de obligación. Es el deseo de ambos miembros de la pareja de que la relación tenga perdurabilidad, sea estable en el tiempo. Es el deseo de compartir con él/ella ese proyecto que no se comparte con otro/a. De nuevo el sentimiento saludable de la exclusividad. No de cadenas – mordazas – ataduras. Si se entiende el compromiso como esclavitud, es un factor que deteriora en vez de enriquecer a la pareja. Este componente permite exponerse al mundo sin que el mundo nos arrebate a la persona amada. De hecho aquellos que intenten retener a su pareja por medio de la no-exposición, por medio de recluir al máximo al ser querido, probablemente consigan el efecto contrario. Como es sabido: un miembro de la pareja puede no salir nunca y enamorarse de otra persona nada más salir, y salir continuamente y seguir exclusivamente enamorado de su pareja. Este componente persigue estar unido al otro en el tiempo, por el vínculo del deseo y de la intimidad.

 

 

 

Por tanto, podemos concluir que el compromiso mantiene la pareja estable (le da estabilidad) de forma deseable; la intimidad consigue que la relación sea atractiva, y el deseo fortalece y refuerza el compromiso y la intimidad. Existen, pues, tres palabras clave en la relación de pareja estable y satisfactoria: incondicionalidad, exclusividad y pertenencia. La primera, incondicionalidad, favorece la intimidad. La segunda, exclusividad, se relaciona directamente con el deseo (máxime en la cultura occidental). Y la pertenencia, la mutua pertenencia, implica la necesidad de compromiso, compromiso de continuidad.

 

 

El enamoramiento

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