Cómo enriquecer tu vida sexual en pareja (I)

           

Existen infinidad de ideas para mejorar o enriquecer la vida sexual de la pareja que se concentran demasiado en las técnicas y en la ejecución del acto sexual, las podemos encontrar en numerosas revistas o artículos con títulos llamativos tales como “Hágale feliz: aprenda a realizar una felación”, “Cómo hacer que tu pareja esté contenta con un dedo”, “El kamasutra: una herramienta elemental”, “2300 posturas que te harán llegar al cielo”, etc. Ni que decir tiene que estas revistas transmiten la idea, bastante sesgada, de que para disfrutar del sexo es necesario ser un erudito y alcanzar grandiosos y utópicos orgasmos. Y no sólo eso, también transmiten la idea de que para disfrutar del sexo primero debemos hacer disfrutar al otro.   
 
Esta tendencia a acentuar la importancia de las posturas, el orgasmo, etc., sobre el placer como proceso es, en definitiva, una postura resultadista que desvaloriza o no concede importancia al proceso de compartir y disfrutar. Con frecuencia esta 'filosofía' conlleva en muchas personas un bloqueo o una inhibición de la espontaneidad y, por tanto, un fenómeno del que hablaré en futuras entregas y que se conoce como “el rol del espectador”. No es, ni más ni menos, que una autoevaluación constante de la ejecución en el acto sexual. Todo lo contrario a lo que debería ser un encuentro o relación sexual entre dos personas: abandonarse al disfrute, al placer.

 

La tendencia a sobrevalorar la importancia del orgasmo puede llevarnos al bloqueo, o sencillamente, a no disfrutar del encuentro con la otra persona

           

Ligada a la vida sexual se encuentra, también, la comunicación de la pareja. Mejorar la vida sexual de la pareja pasa por lo tanto por enriquecer esa comunicación entre ambos, por lo menos, en lo que respecta a lo que quieren y lo que les gusta. Esto conlleva la capacidad para comunicarse abiertamente, para mostrarnos vulnerables, para tocar, para compartir sentimientos a través de caricias, así como el poder disfrutar de estas y del contacto corporal y afectivo que implica una relación sexual. Es difícil que una pareja pueda enriquecer su vida sexual si hay graves problemas en la relación, fundamentalmente respecto a la intimidad. Pero, ¿qué es esto de la intimidad?
 
Una actividad sexual adecuada está determinada en gran parte por el nivel de diferenciación que tenga cada uno de los miembros de la pareja. La diferenciación determina la capacidad del individuo para comprometerse en una relación amorosa mientras que a la vez puede mantener el sentido de sí mismo (su autonomía o independencia). La diferenciación y la formación de la identidad suceden concurrentemente. Si la formación de la identidad es inmadura la invasión de la familia de origen o la necesidad de intimidad del compañero pueden dar lugar a una reacción defensiva y a un conflicto verdaderamente serio en la pareja afectando los deseos de agradar y complacer al otro con la aparición de una disfunción sexual.

 

 

Hay muchas parejas o personas que tienen un bajo nivel de diferenciación respecto a sus progenitores, esto lo podemos ver cuando al hablar de ellos los describen como todo-poderosos, todo bueno o todo malo. Esto también se manifiesta por la dificultad que tienen estas personas para tomar sus propias decisiones. Es decir, un primer requisito para un buen funcionamiento sexual, es tener un grado adecuado de diferenciación.
 

Pero si nos centramos en los aspectos más importantes para tener una relación sexual satisfactoria en la pareja, estos, los podemos resumir en varios aspectos. El primero, y quizás, más importante es: el poder tener una relación sexual sin metas concretas a alcanzar. Lo cual nos libera de esta postura resultadista que nos obliga a alcanzar unos niveles utópicos, irreales o excesivos; o incluso, a responsabilizarnos de nuestro placer.
 

Lo más conveniente sería que las parejas iniciaran cualquier relación sexual con el único deseo de disfrutar de estas, disfrutar de las caricias, excitándose o relajándose, teniendo un orgasmo (o no), o sencillamente jugando o sonriendo. Nunca imponiéndose un resultado u objetivo fijo, por ejemplo y muy frecuente: conseguir el orgasmo (ni que decir tiene ya el ‘orgasmo simultáneo’). ¿Por qué no os planteáis quitaros un poco de presión? ¿Acaso no alcanzar el orgasmo significa que la relación sexual ha sido ‘mala’, poco satisfactoria o que no ‘complaces a tu pareja’?

 

Nos han educado en la errónea idea de que el placer del otro depende exclusivamente de nosotros. Así, cuando el otro no disfruta, la culpa es mía

 

Dicho de otra forma, no debería haber una meta previa porque si se propone alcanzar un objetivo concreto puede producirse una preocupación, ansiedad o intranquilidad y una actitud de estar observándose constantemente, lo cual impedirá la entrega y el total abandono a sus sensaciones. Podríamos decir que esta es la ‘antesala’ de las disfunciones sexuales: objetivos poco realistas y ejecuciones que no confirman los objetivos. Respecto a esto, me gustaría aclarar una afirmación que suelo escuchar con frecuencia fruto de esta visión resultadista de la sexualidad... NO ERES UNA MÁQUINA EN LA CAMA.

 

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