Mi deseo sexual

Ni normal, ni anormal

 

El deseo sexual es el impulso que sentimos por tener relaciones sexuales con nosotros mismos o con otras personas, actividades y técnicas. Se ve influido o producido por la interacción de los estímulos de carácter biológico, psicológico, social, relacional,  emocional y afectivo.

 

Este deseo sexual no es siempre igual en todos los seres humanos, sino que fluctúa y no existe un criterio universal para considerarlo normal o anormal. En una misma persona se observarán cambios en su deseo a lo largo de los años, de sus relaciones, del día o de las horas (en función del estrés que experimenta, el tiempo que le dedica a pensar sobre el sexo, cambios hormonales, etc.). Es una entelequia considerar que podemos vivir permanentemente activos sexualmente o con deseo.

 

Influencias en nuestro deseo sexual

 

Uno de los factores que influyen en que aumente o disminuya nuestro deseo son las creencias y mitos sobre cómo deberían ser nuestras relaciones sexuales. Es fundamental identificar las creencias erróneas y desmitificarlas para que ganemos seguridad y perdamos ciertos miedos, además de exigirnos o exigir a la otra persona relaciones sexuales no realistas.

 

El segundo factor que podemos analizar en torno al deseo es la calidad de la relación de pareja.

 

  • ¿Existen conflictos encubiertos dentro de la relación? 
  • ¿Les avergüenza hablar de sexo?
  • ¿Resuelven sus problemas?
  • ¿Hacen lo que quieren hacer o lo que quiere el otro?
  • ¿Me siento atractivo? ¿A la otra persona le resultó atractiva?

 

Lógicamente, si existen conflictos el deseo sexual tenderá a bajar o reducirse. Por otro lado, el deseo sexual se ve influenciado también por la novedad, de modo que si nuestras relaciones sexuales son rutinarias y lineales (A, luego B, luego C) también se verá mermado el deseo. Habitualmente, cuando los conflictos se resuelven entre ambos miembros de la pareja se restaurará el deseo sexual.

 

 

El tercer factor a analizar serían las causas psicológicas o trastornos psicológicos. Determinados trastornos como por ejemplo la depresión, la ansiedad en general, los trastornos de la personalidad, determinados sucesos traumaticos y otras heridas de carácter psicológico, influyen negativamente en el deseo sexual. A esto se añade el habitual consumo de psicofarmacos, que con frecuencia afecta a una o varias fases de la respuesta sexual (deseo, excitación, orgasmo) pudiendo variar la calidad del orgasmo o la intensidad de la excitación y el deseo.

 

El cuarto factor que analizaríamos serían los errores de aprendizaje. Dichos errores son influencias culturales y sociales que generan un desconocimiento sobre el deseo o que trasmiten un aprendizaje erótico erróneo

 

  • Así por ejemplo, si una persona no ha aprendido a escuchar su cuerpo y a cultivar y erotizar los sentidos, difícilmente podrá expresar qué desea o qué le gusta. 
  • En otras ocasiones, la persona ignora por completo cuál es su anatomía y fisiología sexual, lo que contribuye a que no sepa qué estimular ni cómo hacerlo.
  • Y no menos infrecuente son otros casos en los que sucede que la propia persona responsabiliza de su placer a su pareja, no responsabilizándose de su deseo y haciéndola creer a sí misma que no puede hacer nada por disfrutar más o mejor.

 

El quinto factor sería quizás el más complejo de todos, referente a los factores de ansiedad relacionados con la sexualidad. Es decir, la ansiedad que experimentan hombres y mujeres antes situaciones sexuales percibidas como algo peligroso, doloroso, inmoral, etcétera.

 

  • La idea de que la sexualidad puede implicar una pérdida de control.
  • la idea de que la sexualidad está asociada a la prostitución, al vicio, a la inmoralidad o el libertinaje.
  • La idea de la sexualidad como una pérdida de tiempo.
  • la idea de que la sexualidad lleva asociado el compromiso.
  • La idea de la sexualidad percibida en una dicotomía: éxito o fracaso.
  • La idea de que la sexualidad va aparejada al dolor.


Si tenemos en cuenta la complejidad y el entramado de factores que interaccionan para que nuestro deseo varíe, pedirle a nuestra pareja que tenga el mismo deseo sexual que nosotros es algo completamente irreal, nocivo o dañino. Cada uno tiene su deseo y por mucho que insistamos no somos la misma persona.

 

¿Cuánto sexo es normal?

 

No existe ningún criterio unificado y universal respecto a la frecuencia de su actividad sexual con que podríamos considerar normal/anormal el deseo sexual de un individuo.

 

De hecho, hay tantas sexualidades como personas, de modo que su deseo es algo muy personal y respetable. Asumir la realidad y aceptar a tu pareja y a tu deseo es importantísimo, tanto como desarrollar habilidades para resolver los conflictos, aprender a comunicarse de una forma sana y responsabilizarnos de nuestro deseo.

 

¿Como me responsabilizo de mi deseo?

 

  1. Erotizando tus sentidos y empleando la fantasía a diario (fantasea, imagina algo excitante, estimula tu cerebro, siéntete libre de desear algo o a alguien).
  2. Buscando libros que puedan ser de tu agrado en la sección de literatura erótica.
  3. Pidiendo lo que te gustaría hacer, jugando a explorar o experimentar.
  4. Poniéndote de gala: vístete con algo especial, siéntete atractivo/a, intenta cambiar lo que no te gusta.
  5. Restale tiempo al trabajo y las responsabilidades.
  6. Date tiempo con tu pareja: deja a los hijos con alguien, apaga el teléfono, pon velas, emplea aceites, juega a seducir en un lugar que no espera.
  7. Ve con tu pareja un sexshop.
  8. Intenta abandonar la rutina, el automatismo. Cambia, échale valor y experimenta.
  9. Desnudaos y acariciaros sin tener la obligación de acabar con la penetración.
  10. Compra lencería o ropa que te resulte sensual.
  11. Probad juegos de rol (asumir un papel).
  12. Dejaros notas escondidas diciendo lo que os excita de la pareja.
  13. Enseña a tu pareja a masturbarte.

 

En cualquiera de los casos haz algo distinto, deja que los cambios lleguen, pero sé tú mismo quién decide hacer algo con tu deseo. Lo agradecerás y te lo agradecerá la persona que tienes al lado... Y en el mejor de los casos vete a terapia.

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