Inventos del siglo XXI: la eyaculación precoz

 

El siglo XX nos trajo una infinidad de descubrimientos y avances tecnológicos: el automóvil, el avión, el transistor, la televisión, los ordenadores, el aire acondicionado y un largo etcétera de productos que hoy en día nos proporcionan gran satisfacción, y que en muchas ocasiones nos ahorran buen sufrimiento. Pero de todos ellos, queremos presentarles uno que funciona al revés. No proporciona satisfacción ni ahorra en sufrimiento, hablamos de… ¡la eyaculación precoz! ¡No pierdan detalle!

 

 

La eyaculación precoz no existía, al igual que la televisión, en el siglo XVIII. Sus inicios fueron complicados dado que hasta la fecha nadie se había preocupado lo más mínimo de sintonizar un canal. La gente vivía feliz en sus casas sin plantearse si sería necesario cambiar las pilas al mando, cuándo se estropearía el tubo de color o por qué motivo el teletexto no encontraba esa dichosa página, hasta que cierto día un hombre llamado John Logie Baird la inventó. Fue entonces cuando surgió todo. Todos comenzaron a hablar del televisor, de características y precios, de tecnologías HD y de pantallas planas y… ¡ay de quien no tuviese uno! No había pasado mucho tiempo desde que Baird siendo niño saliese a jugar a la calle con sus amigos o se quedase en casa entreteniéndose de otra manera que no fuese con la tele. Ese niño llamado John nos hubiese contado un par de cosas acerca de la vida sin televisor, se hubiera extrañado de ver a gente ‘enganchada’ a él.

 

Nuestro joven Baird también se hubiese extrañado probablemente, al igual que pasó con el televisor, si le contamos que ahora la eyaculación se denomina precoz si dura menos de cinco minutos (en función de la clasificación nosológica que nos guste más) y constituye un problema serio para muchas personas. O mejor, imaginaos las risas de John cuando Master y Johnson afirmaron que un hombre sufre de eyaculación precoz si eyacula antes que su pareja logre un orgasmo en más del 50 % de sus relaciones sexuales. Su padre y su madre alucinarían… Los abuelos de John, y antes sus bisabuelos, ídem. Se habrían planteado, ¿cuál es el problema de eyacular en cinco minutos? La misma pregunta la traslado al lector sin ese tono sarcástico que está acompañando este artículo.

 

Los antepasados del joven Baird, como todos supondréis, no se preocupaban mucho si la eyaculación tardaba en llegar menos de 5 minutos porque, entre otras cosas, la educación sexual era inexistente. Además, desgraciadamente el papel de la mujer en los encuentros sexuales era completamente pasivo. Hoy en día, la educación machista y patriarcal nos ha dejado una idea muy nociva: el placer de la mujer depende del tamaño del pene de su pareja y de la duración del encuentro (más largo = más placer). Sin embargo, antes el placer de la mujer era irrelevante para el hombre. Esto explica el motivo social e histórico de la aparición de esta disfunción sexual.

 

¿Cuál es el problema? ¿Por qué no existía antes de que en 1948 un hombre llamado Kinsey midiera los tiempos de eyaculación? ¿Antes duraban más? Y ya puestos, si por aquel entonces duraban más, ¿disfrutaban más? La respuesta es no. No, no disfrutaban más. No, no duraban más

 

 

Ya que estamos, también me pregunto, ¿a qué es debido que la mujer no tenga ‘eyaculación precoz’? Quizás cuando una mujer nos venga a consulta y nos diga que tiene orgasmos en tres minutos debamos cambiar el: “oye, estupendo para ti”, por el “creo que padeces de una disfunción sexual”. Sin embargo, esto sería una tremenda estupidez y una actitud patologizante de algo natural, de algo NORMAL. Lo que había cambiado (evolución social de los derechos, evolución de la política, evolución y cambios de sistema económico, etc.) lo denominamos hoy el modelo socio-sexual (del que otro día hablaremos). Es decir, el modelo o marco de referencia por el que un individuo se ciñe y compara, y por el cual consideramos normativo o patológico un hábito. Si nuestro marco referencial social nos dice que eyacular en 5 minutos es un fracaso, el individuo ya anticipa con nerviosismo su fracaso, lo cual influye en el desarrollo de su problema (manteniéndolo) y en su actitud hacia él (siendo tan importantes las actitudes en sexualidad, como veíamos en este otro artículo).

 

Dicho lo cual, una pregunta: ¿Qué nos impide tener relaciones sexuales satisfactorias por eyacular en cinco minutos? ¿Se acaban las relaciones en ese momento? ¿Termina el encuentro para los dos el que uno eyacule? ¿Se paraliza uno y no puede hacer nada más? A esto nos respondería el hijo del joven John, quien (imagino) vivió la década de los 60, 70 y 80.

 

Como no tenemos oportunidad de hablar con él nos imaginamos su respuesta: “A mí y a mis iguales de la época se nos dijo que el orgasmo auténtico se consigue a través del coito (MITO), se nos dijo que la mujer es más lenta que el hombre para conseguir el orgasmo (MITO), se nos dijo que debes centrarte en hacer disfrutar al otro únicamente y que no hay mujer frígida sino hombre inexperto (MITO)”, delegando la responsabilidad de la sexualidad femenina en el hombre, o dicho de otro modo, que la mujer no es dueña de su sexualidad (MITO) y depende de la duración de ‘su hombre’. También cabría mencionar la presión o el miedo a "estar a la altura"... sin embargo, el hijo de John seguramente recibió practicamente la misma educación sexual que su padre y como muchas otras personas dice la manida frase de 'la educación sexual no es importante'.

 

Sin embargo, es importante. De haber recibido una adecuada educación sexual la eyaculación "precoz" sería concebida de otra manera. 

 

 

 

Los estudios e investigaciones sobre distintas especies del mundo animal y su eyaculación han mostrado algo muy similar a lo que nos sucede a los "machos humanos". Se ha demostrado que casi todas las especies animales eyaculan rápidamente, entre otras cosas, por su valor adaptativo y de supervivencia. De hecho, así ha sido considerada por los etólogos y biólogos, una ventaja adaptativa. A una mayor rapidez eyaculatoria, mayor eficacia reproductora.

 

Así, los monos Bonnet, precursores de la especie humana, eyaculan a los 5 segundos de realizarse la penetración. Otro ejemplo serían los monos rhesus, más alejados filogenéticamente de nuestra especie, que necesitan de varias cópulas de entre 20 y 30 segundos para eyacular. Esta es, en definitiva, la herencia filogenética que hemos recibido y que hace que todos los "machos humanos" seamos eyaculadores precoces.

 

¿Pero entonces porque unos "machos" eyaculan más tarde que otros? La respuesta a la pregunta implica que nos remontemos a mediados del siglo XX, cuando el señor Kinsey (que mencionaba antes) comenzó a medir los tiempos de eyaculación en "machos humanos". Este señor y sus colaboradores, categorizaban los resultados en distintos grupos y emplearon el término 'superhombre' para referirse a los hombre que eyaculaban como hoy en día denominariamos precozmente. Este término ya nos está diciendo algo...

 

Al igual que sucede con la evolución de cualquier término, "superhombre" era la manera en que Kinsey y sus colegas entendían, en un marco social distinto, que la eyaculación en menos de 5 minutos es algo normal. Sin embargo, a los cambios políticos, sociales y económicos, le acompañó a lo largo del siglo XX una construcción social del orgasmo masculino muy distinta a la tradicional.

 

En 1974, otro investigador, Morton Hunt, publicó un informe en el que describía la tendencia que promueve que el coito se alargue más de lo habitual. Hunt estudió e identificó la idea cultural y cómo ésta influía en la eyaculación. De superhombres pasamos a ser esposos con la obligación de satisfacer. Se habían producido cambios socioeconómicos que nos cambiaron la forma de ver el sexo, como ha sucedido a lo largo de la historia y refleja en su libro Josep Vicent Marqués, "¿Qué hace el poder en tu cama?".

 

Actualmente, sabemos que los hombres pueden seguir manteniendo relaciones sexuales después de la primera eyaculación, pudiendo ser en forma de coito o de otra práctica. De cómo tratemos la eyaculación depende el que la percibamos como un problema o no

 

En 1977, A. Pietropinto y J. Simenauer publicaron "El mito masculino". En el reflejaban como el 80% de los varones se preocupaban por alargar su eyaculación con el fin de que su compañera obtuviera el ansiado orgasmo. Estos dos autores dibujaban los antecedentes de nuestra ansiedad por el resultado, siendo la eyaculación "temprana" un fracaso... ¿No creéis que la ansiedad influirá sobre como tratamos el problema? Lo cierto es que, si pese a todo, crees que tienes una eyaculación precoz, puedes acudir a un especialista que te ayude a controlar el reflejo de la eyaculación a fin de que TU disfrutes y te relajes en tus encuentros, y no, que estos sean sinónimo de ansiedad, estrés o miedo.

 

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