Diversidad funcional y sexualidad

 

Debido a un accidente de tráfico un familiar mío se lesionó la médula espinal quedando desde aquel día y hasta su fallecimiento en una silla de ruedas. Esto sucedió hace años y esta persona se vio paralizada de cuello para abajo. Nació en una familia de clase media, hace ya más de 50 años, donde trataron de darle lo mejor o lo que pensaron mejor, pero la educación sexual fue la misma que recibieron los que ahora tienen 50 años o más: prácticamente ninguna.

  
Muchas personas, al igual que mi familiar, quedaron en una silla de ruedas por ‘x’ motivos y casi todas ellas en nuestro país pasaron por el Hospital de Parapléjicos de Toledo. Dada la educación sexual que recibieron y el tabú imperante que había en nuestro país durante la década de los 70-80, muchos, dieron por hecho el comienzo del fin de su sexualidad.

 

Fruto de la tradicional educación la educación sexual fue muy deficitaria (cuando no nula o inexistente), muchos encontraron que al no poder mover las piernas o no poder tener una erección su vida sexual era ya cosa del pasado. Las personas con diversidad funcional lucharon contra las barreras arquitectónicas con cierto apoyo social, pero con escaso apoyo y gran desconocimiento en lo que respecta a su sexualidad. Hoy en día las cosas van cambiando poco a poco y, por ejemplo, el Hospital de Parapléjicos de Toledo ya cuenta con especialistas en terapia sexual para adaptar la situación a las personas con esta problemática y para decirles que su vida sexual no acabó el día que dejaron de mover sus piernas.
 

 

Llegamos a pensar que la sexualidad es únicamente coito. Esta visión de nuestra sexualidad nos coarta, precisamente, cuando no se pueden cumplir unas condiciones como les ha sucedido a muchas personas con diversidad funcional

El primer problema: la ausencia de una  educación sexual completa y veraz

 

No es de extrañar que muchas personas piensen de esta forma, y que, si sufren un accidente o nacen con una discapacidad piensen que el sexo ya es para otros. Si hace unos años hubiese sufrido un accidente de este tipo probablemente hubiese aceptado con resignación que sin mi pene "no iba a ningún sitio". Creo que hubiese pensado: “¿y ahora qué hago?”. 

 

Esto sucede hoy en día a muchas personas, y no sólo con diversidad funcional, sino también cuando surge la temida disfunción eréctil. ¿Qué está ocurriendo? Está ocurriendo que no hemos recibido una educación sexual adecuada, que se nos ha impartido una información sobre la anatomía y fisiología de nuestros órganos sexuales y la otra mitad de la educación se ha centrado en repasar el uso del preservativo y las enfermedades de transmisión sexual. ¡Ojo! No estoy diciendo que esto me parezca mal, para nada, de hecho es importantísimo. Sin embargo, que las personas con diversidad funcional o las personas con disfunción eréctil den por finalizada su vida sexual nos refleja algo muy claramente: en esas ‘charlas’ faltaba alguna explicación sobre qué es nuestra sexualidad y cómo disfrutar de ella, faltaba que nos enseñaran más acerca de nuestra sexualidad y que no se abordara el discurso desde los órganos. 

 

Diversidad funcional y sexualidad

 

Pero antes de meternos "en faena" vamos aclarar dos términos: diversidad funcional y sexualidad.

 

El término "diversidad funcional" nace con el objetivo de superar otras definiciones con connotaciones negativas, como minsvalía o discapacitado, términos que aluden a la falta de capacidad o a un menor valor. El término diversidad funcional, se adapta a una realidad en la que la persona funciona de una manera diferente a la mayoría de la sociedad. 

 

La sexualidad se refiere a una dimensión fundamental del hecho de ser humano. Basada en el sexo, incluye el género, identidades de sexo y género, orientación sexual, erotismo, vínculo emocional, amor y reproducción. Se experimenta o se expresa en forma de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales. En resumen,  la sexualidad se practica y se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos. Es nuestra identidad.

 

Para quienes sostienen esta perspectiva, entonces, "diversidad funcional" no sería un término alternativo a "discapacidad" sino un término para referirse al hecho de que entre los miembros de la sociedad (o de un determinado grupo social) cada uno tiene unas determinadas capacidades, lo cual genera una diversidad que (como el resto de diversidades) debe ser gestionada de modo que no se produzcan exclusiones o discriminaciones, no siendo la sexualidad de las personas con diversidad funcional una excepción.


Es precisamente lo que reclaman los autores y participantes del documental “Yes, we fuck” (podéis verlo más abajo). Que todos tengamos los mismos derechos, que no haya barreras de ninguna clase respecto a la sexualidad. Una nueva visión de la sexualidad y de la salud sexual, más liberal, abierta y menos condicionada por lo coital. 

 

Una educación sexual basada en el coitocentrismo

 

Además, a la hora de trabajar con personas con diversidad funcional hay un concepto clave: coitocentrismo. La idea de que la sexualidad no es sólo genitalidad y que no necesariamente tenemos que practicar el coito para tener relaciones sexuales gratificantes. En algunos casos existe una lesión física que impide el coito, sin embargo, es nuestro trabajo hacer entender a la persona que ahí no acaba su sexualidad, que todavía puede disfrutarla, que tiene derecho a ella y que no debe rechazar una parte de sí mismo. En otras palabras, nuestro objetivo es que las personas se conozcan, se acepten tal como son y aprendan a conocer sus capacidades y limitaciones, independientemente de cual sea su lesión, su credo y sus condiciones.

 
Todo este trabajo implica desmitificar muchas ideas que tienen los familiares de las personas con una discapacidad. En el caso de las personas con discapacidad intelectual muchas veces debemos advertir a los familiares que ellos no son asexuados, que también pueden disfrutar de su sexualidad, que no son como niños y que también pueden resultar atractivas sexualmente. Otras veces los mitos giran alrededor de una serie de creencias culturales como que los discapacitados psíquicos no deben formar parejas, que no deben tener hijos o que es peligroso ‘darles ideas sobre su sexualidad. Todo este trabajo representa para mí todo un reto a nivel social, representa las barreras culturales que tenemos como sociedad y es llamativo que tenga que ver con las ideas, los conceptos, de una forma tan descarada. Representa una forma de entender y educar a las personas basada en la diversidad, aceptando las diferencias y no sólo remarcando como admirables a las personas con éxito social, con éxito económico, etc.

 

Es quizás, una forma romántica de imaginar una sociedad mejor, con más posibilidades, que quizás no alcancemos, pero que al menos nos permite denunciar que se están haciendo algunas cosas mal… y que nos permite, sobretodo, ayudar empoderar a las personas y enseñarlas a disfrutar de su sexualidad por mucho que se les diga que no pueden hacerlo.

 

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