La personalidad del ludópata

 

Los estudios sobre personalidad del jugador muestran que en ocasiones se identifican en los adictos problemas relacionados con la falta de habilidades comunicacionales, inmadurez afectiva, inestabilidad emocional o escasa tolerancia a la frustración, por citar algunos, de modo que es muy probable que el juego actúe como un poderoso atractivo en situaciones que implican tensión y conflicto.

 

La persona con problemas de juego, a menudo, forma parte de una familia que permite y facilita el crecimiento y el desarrollo de esta conducta mientras no se produzca un abandono del juego o una ruptura familiar. Es por todo esto que se considera en muchas ocasiones la relación familiar entre el ludópata y la familia como un factor de mantenimiento del problema.

 

Factores de mantenimiento de la adicción 

 

Una vez instaurada la conducta sintomática, el contexto del jugador parece modificarse sensiblemente y se convierte en un factor que no es pasivo, sino que más bien reacciona tomando determinadas posturas y eliminando otras ante la conducta desplegada por el jugador.

 

En esta línea, hay que señalar algunos aspectos que pueden actuar facilitando el mantenimiento y el progreso de la adicción. Así, por ejemplo, cuando el jugador es un adulto, varón, casado y con hijos, que es la situación más típica, distinguimos por un lado factores que surgen de la relación con la familia de origen y por otro los que surgen de la relación con la familia propia, y especialmente con la pareja. 

 

La familia de origen del jugador mantiene una serie de actitudes y conductas que facilitan que la conducta de juego se perpetúe, como por ejemplo: 


                • Conoce y oculta el problema antes del matrimonio del jugador. 
                • Hace frente a deudas de juego al margen del cónyuge del jugador. 
                • Culpa al cónyuge de los problemas económicos y de la conducta de descontrol.
                • Boicotea la terapia (sentimientos de vergüenza, no aceptación del problema, etc.). 

 

El papel de las familias


Normalmente, ambas familias (la del jugador y la ajena) suelen reaccionar ante el problema de maneras distintas. En la familia del jugador no se expresan las emociones y se tiende a evitar el conflicto mediante la negación del mismo. En cambio, en la familia de la pareja suele tener una experiencia familiar donde las emociones se expresan a menudo y los lazos familiares son muy intensos

 

El encuentro, por así decirlo, de dos modos tan sumamente contrapuestos de entender la familia llevaría de forma inevitable al conflicto. Y muy probablemente la huida del jugador hacia el juego, o de la esposa hacia su hijos, repitiendo pautas aprendidas en las familias de cada uno.

 

La relación con las familias de origen es uno de los focos de conflicto más importantes. La mejora en este aspecto puede ser de gran importancia para que la pareja adquiera estabilidad y el jugador pueda controlar uno de los factores que actúan como estresores en el mantenimiento del juego. 

 

Además, otro de los problemas que se encuentran en la familia creada (unión de esas dos personas con o sin hijos) que contribuyen al mantenimiento del problema son: los problemas sexuales y de pareja y la administración económica de la familia creada


Nos encontramos ante una pareja que frecuentemente (por no decir siempre) tiene dificultades con las relaciones sexuales, pero también ante dos personas que a causa de sus propias experiencias anteriores y dificultades personales no aciertan a resolver los problemas a través del diálogo. Más bien existiría una tendencia a negar el problema o a posponerlo esperando una solución mágica. Ello constituiría el primer paso para la aparición del conflicto en el futuro. 

 

 

 

 

Respecto a la administración económica la variedad de los casos es grande.

 

  • En algunos casos es el hombre el que maneja el sueldo que gana y dispone unilateralmente del dinero que la pareja necesita para los gasto del hogar. En este caso, el control del dinero está a cargo del jugador, que dispone de dinero para sus gastos personales totalmente al margen del conocimiento de la pareja.
  • En el otro extremo se encuentra el caso en que el jugador delega en la pareja la administración del hogar y utiliza para sí una cantidad que es más o menos negociada con aquella. De este modo, el control sobre lo económico dará lugar fácilmente a una batalla donde cada cónyuge lucha por hacer prevalecer su propia manera de entender la administración económica.
  • Ambas concepciones acaban convirtiéndose en posiciones complementarias en la medida en que se potencian mutuamente. Cuanto más gasta el jugador, mayor es la tendencia al ahorro de la pareja, lo cual permite al jugador seguir gastando con la tranquilidad que le supone saber que su pareja se encarga de planificar el futuro y el ahorro. 

 

De este modo, la administración de la economía en el hogar puede convertirse en un área más de conflicto en el inicio de la relación que, de no resolverse, puede repercutir en la confianza que haya entre los miembros de la pareja y unirse a otras áreas de tensión que aparezcan en la vida en común. Estas y otras condiciones dificultan la situación y la mantienen debido a un sistema disfuncional que favorece la salida del jugador hacia el juego. Podéis imaginaros lo que sucede cuando, para más inri, la pareja que comienza a constituirse como un sistema más complejo tiene hijos (pérdida del trabajo el trabajo, jubilación, etc.).

 

 

La terapia

 

La terapia ha de centrase entonces en varios factores sumamente relevantes para que tenga éxito y para que el jugador se responsabilice de su propia adicción. A modo de resumen, podemos decir que los factores más relevantes a tratar serán: la administración económica del hogar, los problemas de pareja derivados de la evitación de los conflictos, la aceptación y el reconocimiento del trastorno adictivo por parte del jugador y de los miembros de la familia (tanto de origen, del jugador, de la pareja, como de la creada), dotar a la persona con una adicción de una serie de recursos de afrontamiento del estrés y la frustración, así como tratar de reestructurar el funcionamiento normal (laboral, familiar, hábitos y rutinas saludables) previo a la adicción del afectado. 

 

 

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