Estrés y sistema endocrino

 

Para dar cuenta de las relaciones que el estrés mantiene con el sistema endocrino conviene recordar cuál es la dinámica que sigue el organismo para asimilar los alimentos, almacenarlos y transformarlos en energía.


Básicamente, el organismo descompone los alimentos en elementos más simples, de tal manera que éstos se pueden asimilar en forma de moléculas, particularmente aminoácidos, glucosa y los ácidos grasos libres y el glicerol. Estos elementos, en caso de exceso, se almacenan, respectivamente, en forma de proteínas, glucógeno y triglicéridos. En una etapa final de este proceso, si el organismo se ve en una situación de demanda del medio que le exige movilizar esta energía sobrante, lo hará mediante las hormonas del estrés. Estas hormonas provocan que los triglicéridos se descompongan en las células adiposas y se descarguen ácidos grasos y glicerol en el torrente circulatorio, que el glucógeno se degrade en glucosa y se vierta en la sangre y que las proteínas se vuelvan a convertir en aminoácidos.

 

De este modo, el organismo puede disponer de la energía necesaria, que previamente había acumulado gracias a los nutrientes que había ingerido, para hacer frente a las situaciones de estrés. 


A lo largo de este complejísimo proceso, durante el cual el cuerpo quema importantes cantidades de energía, la insulina desempeña un papel fundamental.

 

Básicamente, cuando comemos el páncreas secreta esta hormona al torrente circulatorio, lo que posibilita el transporte de los ácidos grasos hasta las células adiposas, así como la síntesis del glucógeno y las proteínas. En concreto, las enzimas de las células adiposas se combinan con los ácidos grasos y el glicerol para formar triglicéridos. Al acumularse un número suficiente de éstos en las células adiposas, se engorda. Mientras tanto las enzimas de las células de todo el organismo hacen que se unan varias moléculas de glucosa formando una cadena de glucógeno, el cual se adhiere a los músculos o al hígado. Del mismo modo, las enzimas de las células del cuerpo hacen que se formen largas cadenas de aminoácidos, transformándolos en proteínas. La insulina parece, por lo tanto, que planifica nuestro futuro metabólico, al menos en cierta medida.

 

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