Estrés, conducta y enfermedad

 

El término “estrés” fue introducido en el campo de la salud por el fisiólogo Walter 
Cannon
, pero su popularización dentro del mismo se debió a Han Selye. Con este concepto se quiere significar los cambios psicofisiológicos que se producen en el organismo en respuesta a una situación desagradable.

 

El estrés en España, una de las asignaturas pendientes

 

En esta línea se ha constatado que, cuando el organismo se activa ante una situación estresante, entre los cambios que se observan destacan:

  • Una rápida movilización de la energía que permanece almacenada de modo que la glucosa, las proteínas más simples y las grasas salen de las células y se dirigen a la musculatura.
  • Un incremento de la frecuencia cardíaca y respiratoria y la presión arterial, lo que facilita el transporte de oxígeno a las células.
  • Una paralización de la digestión.
  • Una disminución del impulso sexual.
  • Una inhibición de la actividad del sistema inmunitario.
  • Se produce, además, si la situación estresante dura lo suficiente, una reacción analgésica al dolor, de tal forma que se embota la capacidad de percibir estimulaciones nociceptivas (dolorosas), y,
  • finalmente, ciertos cambios característicos en las capacidades sensoriales y cognitivas del organismo, de manera que se activa y mejora el funcionamiento de la memoria y los sentidos se agudizan.

 

El estrés como respuesta

 

Todos estos cambios preparan al organismo para enfrentarse, ocasionalmente, a situaciones de emergencia en las cuales el medio demanda del sujeto que movilice todos sus recursos para afrontar, en las mejores condiciones posibles, la situación. Por todo ello, el organismo paraliza todos los sistemas fisiológicos cuya actividad puede posponerse temporalmente y concentra toda la energía disponible en los sistemas que son decisivos para hacer frente a la demanda. No es de extrañar, entonces, que se inhiba temporalmente la libido, el proceso digestivo o, incluso, la actividad del sistema inmunitario y que, por el contrario, se incremente la presión arterial o se agudicen los sentidos. La respuesta de estrés, por lo tanto, cumple una función muy adaptativa en la supervivencia del individuo, tal y como Walter Cannon, que definió la conocida respuesta de lucha/huida y preparó en gran medida el trabajo de Selye, recogió en el título de su libro: La sabiduría del cuerpo.


No obstante, aunque la respuesta de estrés pueda ser en determinados momentos altamente adaptativa, se ha constatado que si esta respuesta se mantiene durante largos periodos el organismo acaba siendo dañado por este modo de comportarse. De hecho, fue el propio Selye el que lo constató experimentalmente. 
Sobre la base de esta investigación experimental, Selye postuló el síndrome general de adaptación, que describe el curso del organismo en tres fases cuando se enfrenta a una situación estresante.

 

  • En un primer momento, se produce una reacción de alarma, que aglutina toda la serie de modificaciones psicofisiológicas y comportamentales antes reseñadas con el fin de satisfacer la demanda del medio.
  • Si la situación continúa, el organismo se adapta, fase de resistencia, manteniendo la sobreactivación necesaria para ello, y,
  • finalmente, en las fases de agotamiento, desaparece la adaptación de la fase de resistencia ya que ésta no puede mantenerse indefinidamente. En este momento aparecen diversas alteraciones psicosomáticas de tipo cardiovascular, gastrointestinal, etc.

 

Por lo tanto, si el organismo se activa repetidamente ante situaciones estresantes o no se desactiva una vez que dichas situaciones han cesado, es muy probable que el sujeto desarrolle alguna de las enfermedades asociadas al estrés (Vila, 1996). Ahora bien, de lo dicho no debe desprenderse que el estrés sea el factor causal responsable de tales enfermedades; más bien parece que el estrés aumenta el riesgo de que el organismo las contraiga o, en su caso, acelera el proceso patológico. Por ejemplo, un cáncer incipiente es más fácil que se desarrolle y extienda en una persona que, como consecuencia de un momento vital muy estresante, tiene inhibida o debilitada la actividad del sistema inmunitario que en una persona no estresada. Muchos estudiantes saben que tras una época intensa de exámenes es fácil contraer una gripe o un catarro. En este caso, como en otros muchos, el estrés no causa la enfermedad, sino que llega a debilitar lo suficiente el organismo para que éste caiga presa de la misma (Martínez Selva, 1995).

 

Estres vs. Ansiedad

 

En este punto es necesario intentar delimitarla diferencia entre el estrés y la ansiedad. Ambos conceptos presentan muchas similitudes e, incluso, coloquialmente, se llegan a utilizar como sinónimos. De hecho, algunos de los cambios fisiológicos que se producen en el organismo cuando se sufre estrés o ansiedad son idénticos: incremento de la presión arterial o de la frecuencia cardíaca, secreción de adrenalina, inhibición de saliva, etc.

 

La distinción, a pesar de todo esto, puede clasificarse un poco más en términos de función.

 

  • Desde este punto de vista la respuesta de estrés se referiría al conjunto de cambios que se observan en el organismo ante una sobreexigencia real del medio,
  • mientras que la ansiedad se referiría al desorden psicofisiológico que se experimenta ante la anticipación de una situación amenazante, sea ésta más o menos probable.

 

Académicamente, los conceptos de ansiedad y estrés han constituido el punto de partida conceptual de dos disciplinas diferentes. Así, mientras que la ansiedad es uno de los problemas fundamentales de la terapia, el estrés es, en muchos casos, el término de referencia en la psicología de la salud y/o medicina conductual.

 

Rutas psicofisiológicas del estrés

 

Los cambios fisiológicos y psicológicos que se producen en el organismo cuando se enfrenta a una situación estresante están mediados por el sistema neuroendocrino y el sistema endocrino.

 

En la base del sistema neuroendocrino se encuentra el sistema nervioso autónomo (SNA), que recibe el calificativo de “autónomo” porque es capaz de responder a las exigencias del medio de un modo prácticamente autónomo o involuntario. El SNA se divide en dos ramas: el sistema nervioso simpático, que activa el organismo en situaciones de estrés, y el sistema nervioso parasimpático, que lo inhibe.

 

Funciones del sistema nervioso autónomo (SNA)

 

Las proyecciones nerviosas del simpático parten del cerebro, salen por la columna vertebral y se ramifican e inervan casi todos los órganos, vasos sanguíneos y glándulas sudoríparas del organismo llegando, incluso, hasta los pequeños músculos en los que se encuentra el pelo. Además, las terminaciones nerviosas del simpático estimulan las glándulas suprarrenales, las cuales liberan adrenalina y noradrenalina en el torrente circulatorio. Los efectos de éstas son similares a los provocados por la estimulación simpática, a la que potencian, puesto que la adrenalina y la noradrenalina pueden llegar, a través de la circulación sanguínea, a partes que carecen totalmente de inervación simpática. Por su parte, cuando se activa el SN parasimpático, cuyas proyecciones nerviosas inervan las mismas estructuras que el SN simpático, que producen resultados opuestos.

 

La ruta neuroendocrina que media el SN simpático es un primer medio para que el organismo responda adecuadamente ante las situaciones de estrés; no obstante, otra forma posible de respuesta es mediante la secreción de hormonas. Ésta es una vía más lenta y de efectos más duraderos que la anterior y que requiere, además, una explosión más prolongada del sujeto a la situación de sobredemanda. 

 

Sistema Nervioso Simpático y Parasimpático: inhibición y estimulación

 

 

Dentro de la respuesta endocrina al estrés destacan los glucocorticoides, que, unidos a las secreciones del SN simpático (adrenalina y noradrenalina), explican gran parte de la respuesta de estrés en el organismo. Constituyen la ruta psicofisiológica más importante de la respuesta de estrés. Los glucocorticoides son segregados en las glándulas suprarrenales, al igual que la adrenalina, pero su actividad se prolonga, incluso, durante horas. Cuando sucede algo estresante o se tiene un pensamiento de este tipo, el hipotálamo segrega el CRF (factor liberador de corticotropina) en el sistema circulatorio del hipotálamo y la pituitaria. Alrededor de 15 segundos más tarde, el CRF activa la pituitaria para que libere la hormona ACTH (corticotropina). Una vez en el torrente sanguíneo, la ACTH llega a las glándulas suprarrenales y, en unos minutos, activa la liberación de los glucocorticoides, que si bien sirven para preparar al organismo a soportar el estrés, tienen efectos tan negativos como la supresión de la actividad del sistema inmunológico, el aumento de la irritación gástrica o el desarrollo de sentimientos asociados a la depresión. 


Asimismo, durante la fase de estrés el páncreas puede segregar glucagón, una hormona que junto a los glucocorticoides y el SN simpático elevan el nivel de glucosa en la circulación, lo cual es esencial para proporcionar energía al organismo durante esta fase. 


Por otra parte, la pituitaria y el cerebro segregan sustancias endógenas de carácter analgésico, como las endorfinas y encefalina, que atenúan la percepción del dolor. Finalmente, la pituitaria segrega, asimismo, vasopresina, cuyo efecto es la retención de líquido, por lo que se ha relacionado con el desarrollo de la hipertensión arterial.


Pero el estrés no sólo activa la secreción de hormonas sino que también puede inhibirlas. Así, por ejemplo, se inhiben las hormonas ligadas a la reproducción, como los estrógenos, la progesterona y la testosterona, las hormonas asociadas al crecimiento o la secreción de insulina.


Ahora bien, a pesar del esbozo que se ha hecho, se debe aclarar que no todas las respuestas de estrés generan todos y los mismos cambios antes descritos. En general, los agentes estresantes de todo tipo implican cambios especialmente en lo que se refiere a los glucocorticoides y al SNS, pero la velocidad y magnitud del cambio varían en función del agente estresante.

 

Estrés y sistema cardiovascular

Estrés y sistema gastrointestinal

Estrés y sistema endocrino

Estrés y sistema inmunitario

¿Qué hacer frente al estrés?

 

Si identificas que estás viviendo una situación continuada de estrés, puedes tratar de tomar ciertas medidas. Te dejo aquí una serie de indicaciones para hacer frente al estrés laboral, pero igualmente puedes aplicarlo a otras situaciones :

 

  1. Identificar la fuente de estrés o detonadores del estrés, tratando de identificar qué genera más o menos estrés.
  2. Intenta ver si es posible que alguno de estos detonadores cambie o se reduzca en la medida de lo posible.
  3. Deriva las responsabilidades que puedas delegar, sin desatender lo que es puramente tuyo.
  4. Intenta dosificar tus recursos atencionales: una tarea, luego otra... no las realices de forma simultánea.
  5. Aprende técnicas de relajación y respiración y aprende a relajarte.
  6. Realiza ejercicio físico tan habitualmente como te sea posible.
  7. Respeta tus horarios de sueño y, en caso de que no los tengas, trata de habituarte a ellos.
  8. Respeta tus horarios de trabajo e intenta no hacer en casa lo que puedas hacer en el trabajo.
  9. Si te ves desbordado, trata de compartirlo con tu jefe o supervisor para ver posible soluciones.
  10. Busca apoyo social y ayuda profesional (psicólogos, médicos, psiquiatras, fisioterapeutas).

 

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