Desmitificando la esquizofrenia

 

La esquizofrenia es una enfermedad mental grave que padecen más de medio millón de personas en España. Se trata de una enfermedad sobre la cual se ha creado una ingente cantidad de mitos como, por ejemplo, que los esquizofrénicos son personas agresivas o violentas, que pueden contagiar su enfermedad, que están locos, que no pueden tomar decisiones, que no pueden trabajar, que deben permanecer hospitalizados, que no tienen esperanza de recuperación, que son retrasados mentales o que fueron malcriados en la niñez.

 

Sin embargo, son innumerables las investigaciones y los investigadores y profesionales del ámbito de la salud que luchan por desmitificar esta patología y por demostrar que todo lo descrito no son más que mitos.

El diagnóstico

 

Un momento clave del transcurso de la enfermedad es el mismo diagnóstico, el “jarro de agua fría” que implica para la persona afectada y que supone para los familiares del afectado ponerle esa etiqueta tan ‘misteriosa’. 

 

En el inicio de la enfermedad, muchos familiares atribuyen los cambios en el comportamiento de la persona con esquizofrenia en base al estrés y la presión del trabajo o de los estudios, a ‘cosas de la edad’, al primer desengaño amoroso o a cualquier otra circunstancia que pueda justificar dichos cambios. Esto se debe a que, con bastante frecuencia, la detección de los primeros estadios o cambios pueden ser muy difíciles de identificar al ser estos demasiado difusos. Se trata de personas que han llevado una vida totalmente normal y que, en un momento dado, sufren una profunda transformación en su manera de comportarse y de relacionarse con los demás. Estos cambios pueden darse de manera gradual o repentina, por lo que el comienzo de la enfermedad es bastante llamativo y produce desconcierto y alarma entre los familiares.

 

Mitos y creencias sobre la esquizofrenia

 

Una de las creencias más arraigadas sobre la esquizofrenia es que las personas que la padecen siempre evolucionarán a peor y que no hay un tratamiento efectivo para este trastorno. Sin embargo, alrededor de un 25% de los casos diagnosticados no vuelven a sufrir otra crisis, y pueden recuperarse lo suficiente como para llevar una vida normal sin tener que medicarse. Un 50% se recuperarán parcialmente, necesitarán tomar medicación de forma continuada, pero sin repercusiones graves. Y por último, un 25% tendrá mala evolución, necesidad de cuidados especiales y supervisión continuada. Luego, aunque podemos observar que es una enfermedad mental grave, el resultado final varía mucho: desde la recuperación completa hasta la cronicidad.

 

Otro grupo de creencias erróneas se refiere al tratamiento de la esquizofrenia en sí. Está muy extendida la convicción de que para esta enfermedad sólo se dan ‘tranquilizantes’ que apacigüen a la persona, pero que no tienen mucha eficacia para mitigar la enfermedad. Sin embargo, con un tratamiento farmacológico adecuado, la mayoría de los pacientes se restablecen lo suficiente como para  poder llevar una vida normal o casi normal. Es más, ya la investigación ha evidenciado que cuanto antes se inicie el tratamiento farmacológico mejor será la recuperación.

 

La supuesta peligrosidad y la agresividad de las personas que padecen esquizofrenia es otro de los mitos que contribuyen a su estigmatización social y al temor que mucha gente siente ante esta enfermedad. Sin duda, ciertos titulares de la prensa más sensacionalista han contribuido a la difusión y mantenimiento de esta creencia. Los informes, sin embargo, sobre la ocurrencia de actos violentos en nuestra sociedad indican que las personas con esquizofrenia están implicadas en menos del 1% de esos delitos. En general, suele ocurrir todo lo contrario y las personas con esquizofrenia ofrecen una imagen de pasividad muy alejada de comportamientos violentos o agresivos. 

 

Las investigaciones nos dicen...

 

Tradicionalmente, ha habido algunos grupos de investigadores que han pretendido establecer un nexo causal entre la esquizofrenia y determinados estilos de funcionamiento familiar. Por ello, algunas personas piensan que la esquizofrenia se ha producido a causa de ciertos problemas familiares. Esta creencia ha hecho un daño notable a muchos padres, madres y familiares. De nuevo, se trata de una confusión. Actualmente, y a lo largo de muchos años, ningún investigador ha podido demostrar que esto sea cierto. Sin duda, un ambiente familiar tenso o una comunicación deficiente no es algo deseable para nadie, pero de ahí a que pueda causar una enfermedad psiquiátrica tan grave hay una notable distancia. Lo que la investigación sí parece evidenciar es que tras la primera recaída la evolución de la enfermedad es mejor bajo ciertas condiciones de vida de los pacientes; es decir, el clima y la dinámica familiares no causan la enfermedad, pero si pueden contribuir a su mejora.

Mucha gente también cree que las personas que padecen esquizofrenia tienen limitaciones en su inteligencia similares a las de las personas con retraso mental e incluso que tienen un aspecto físico particular. Las personas se ven afectadas por la esquizofrenia independientemente de su inteligencia; puede enfermar tanto una persona muy inteligente como otra cuya capacidad intelectual sea más limitada.

 

 

Si su familiar está atravesando una primera crisis de esquizofrenia, sin duda está pasando una situación muy difícil y, como todas las personas que tropiezan con dificultades serias, va a necesitar la ayuda de la gente que le quiere. Sin duda, la enfermedad nos va a plantear dificultades y problemas adicionales que vamos a tener que afrontar. Sin embargo, eso no quiere decir que los inconvenientes que vamos a combatir sean los peores que puedan derivarse de ella. Empezar con la esperanza de que, a pesar de lo difícil de la situación, las cosas no tienen que ir de la peor manera posible, normalmente, suele ayudar a la gente a reaccionar de una forma más apropiada ante el problema.

 

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