Cuando el duelo se complica

 

Para poder entender el impacto de una pérdida y cómo nos afecta al ser humano

hace falta cierta comprensión del concepto de apego. El apego es la tendencia del ser humano a establecer fuertes vínculos afectivos con otras personas. Dichos vínculos surgen de la necesidad de seguridad, se desarrollan a corta edad, aunque no sólo se considera normal en niños, sino también en adultos. 

 

Lógicamente, si el objetivo de la conducta de apego es mantener los vínculos, aquellas situaciones que amenacen con cortar dicho vínculos van a generar reacciones muy concretas. Entramos en un continuo: duelo normal – duelo complicado.

 

Duelo normal vs. complicado

 

Antes de nada, es importante subrayar la diferencia entre lo que es un duelo normal de lo que es un duelo complicado. El duelo normal, o duelo no complicado, abarca un amplio abanico de sentimientos y conductas que son normales después de la pérdida de un ser querido, sin embargo, el duelo complicado es la intensificación del duelo hasta un punto en el que la persona se siente abrumada, recurre a conductas inadaptadas o se queda estancada en este estado sin que el proceso de duelo avance hacia su resolución.

 

Esto supone unos procesos que, en lugar de avanzar progresivamente hacia una asimilación o acomodación de lo sucedido, conducen a repeticiones estereotipadas o interrupciones prolongadas del proceso de curación.

 

 

Dicho de otro modo, la diferencia principal entre el duelo normal y el complicado radica en una relación de continuidad entre las reacciones normales y las anormales, donde la patología está más relacionada con la intensidad o la duración de una reacción que con la presencia o ausencia de una conducta concreta.

 

Una de las preocupaciones más frecuentes entre familiares que comparten una pérdida suele aparecer por algún miembro de la familia. Es decir, muy a menudo existe una preocupación de la familia por saber si un miembro está o no teniendo un proceso de duelo complicado, y si por tanto, debería recibir ayuda profesional. Veamos qué señales nos pueden orientar en este sentido.

 

Algunas señales del duelo complicado

 

Hay varias señales que nos pueden indicar la existencia de un duelo no resuelto o complicado y, aunque ninguna de estas señales basta por sí sola para hacer un diagnóstico concluyente, debemos tomarnos muy en serio su aparición: nos pueden estar indicando la necesidad de acudir a un psicólogo o profesional especializado en el tratamiento del duelo. Algunas de estas señales son:

 

  • Si un familiar presenta reacciones emocionales intensas ante sucesos relativamente poco importantes. Esto suele ser indicativo de un duelo retrasado
  • Si un familiar no puede hablar de la persona fallecida y/o siente un dolor muy intenso al hablar de ello habiendo transcurrido muchos años después de la pérdida.
  • Cuando alguien conserva el entorno del fallecido tal y como estaba cuando se produjo su muerte, también puede indicarnos la presencia de un duelo no resuelto. Esta señal también va a depender del tiempo que haya transcurrido y de la intensidad de esa necesidad.
  • Es relativamente frecuente que tras fallecer una persona por motivos médicos, algún miembro cercano desarrolle síntomas físicos parecidos a los que presentaba el fallecido antes de la muerte. De hecho, es frecuente que estos síntomas somatizados se manifiesten una vez al año, en torno al aniversario de la muerte del fallecido o en vacaciones. Esta somatización de síntomas puede estar ocultando un duelo complicado.

 

 

  • También puede ser un indicativo de duelo no resuelto cuando una persona, tras la muerte de un familiar cercano, comienza a hacer cambios radicales en su vida: pierde el contacto con sus amigos y familiares, evita actividades asociadas al fallecido, cambia de domicilio, etc.
  • Otra señal que debe llamarnos la atención es si el familiar afectado, o en duelo, tiene una historial clínico de depresiones. Estas personas presentan mayor riesgo de padecer un duelo complicado. O dicho de otro modo, estas personas pueden ser más vulnerables a sufrir un duelo complicado
  • A veces, también nos encontramos con que la persona superviviente desarrolla una fobia a una enfermedad o un miedo a la muerte, que suele estar relacionada con la enfermedad concreta por la que murió el fallecido. Por ejemplo, que una persona desarrolle una fobia al cáncer tras la muerte de su pareja por esta enfermedad.
  • La falta de apoyo social es otro de los indicadores o factores de riesgo del duelo complicado. Si una persona se encuentra aislada, sin amigos o familiares, tendrá una dificultad mucho mayor que una persona que se encuentra arropada por sus seres queridos o por, al menos, personas que le acompañan.

 

 

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