Agorafobia y pánico

¿Qué son?

 

La agorafobia, según el DSM-V (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, actualizado en 2013 por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría - APA), es un trastorno de ansiedad en el que el miedo  y la ansiedad son intensas cuando la persona se encuentra en espacios abiertos o sitios cerrados, en el transporte público, estando solo en casa, en lugares concurridos o en cualquier situación en las que la persona cree o siente que es difícil escapar o recibir ayuda. Además, la persona con agorafobia tiende a evitar (o se resisten activamente a enfrentar) esta clase de situaciones por miedo a la aparición de un nuevo ataque de pánico o de una primera crisis. El miedo o la ansiedad son desproporcionadas y genera un malestar o un deterioro personal, social, laboral o en cualquier otra área de funcionamiento de la persona.

Por otro lado, el trastorno de pánico implica la aparición de ataques de pánico recurrentes e imprevistosEstos ataques se caracterizan por la aparición súbita de un miedo intenso o un malestar profundo, con los síntomas que vemos abajo.

 

"Iba conduciendo y de pronto noté que estaba muy nerviosa. Había mucho tráfico y nos detuvimos. Comencé a notar que las manos se me agarrotaban y que no podía respirar. No podía dejar de pensar que tendría un accidente y moriría allí".

Ana (28 años)

Los síntomas más frecuentes

 

La ansiedad es una respuesta emocional innata en el ser humano que se dispara cuándo juzgamos una situación como peligrosa o potencialmente dañina, generando en el organismo una serie de cambios cuya misión es garantizar la  supervivencia.

 

En principio esta emoción nos ayuda a adaptarnos a las situaciones que nos demandan un mayor esfuerzo o algún cambio o requerimiento, sin embargo, algunas situaciones generan lo que denominamos una ansiedad desadaptativadesproporcionada o desajustada. Cuando ésta se produce (y la persona nunca ha vivido los cambios y sensaciones que produce) no comprende qué esta sucediendo. Su cerebro (y otras estructuras corticales y subcorticales) manda una serie de señales al resto del organismo que vivimos en forma de síntomas, tales como:

 

  • Taquicardias.
  • Dolor abdominal.
  • Pinchazos.
  • Prensión en el pecho.
  • Sensación de ahogo.
  • Sobrerespiración.
  • Mareos.
  • Visión borrosa.
  • Calor.
  • Sudor.
  • Tensión muscular.
  • Temblores.
  • Calambres.
  • Cansancio.
  • Flojedad.
  • Pérdida de sensibilidad en las extremidades.
  • Nudos en el estómago o en la garganta.
  • Naúseas.
  • ...y un largo etcétera.

 

"Mi marido había salido a trabajar. Me sentía muy culpable por llamarle y pedirle que viniera a casa, pero tenía una ansiedad enorme. Me sentía completamente indefensa, vulnerable".

Carmen (42 años)

Comienzan los primeros síntomas...

 

Todos estos síntomas o algunos de ellos aparecen por primera vez en la persona inesperadamente cuando están haciendo cola en el supermercado, están en lugares concurridos, se alejan de casa, conducen o usan el transporte público. El resultado de este primer ataque de pánico, la manera en que afronte la persona dicho ataque y sus síntomas, la presencia o no de sucesivos ataques (a veces sólo se sucede una crisis), marcará o influirá en la aparición del trastorno de agorafobia con o sin trastorno de pánico.

 

Este pánico lo podríamos desglosar en tres áreas: cada una de estas tres áreas van a ser objeto de tratamiento en la psicoterapia, dada su importancia en el mantenimiento y génesis del problema o trastorno. Estas tres áreas se retroalimentan generando un aumento de la ansiedad, instaurando el trastorno. 

 

Además, las conductas de evitación o de escape que generan ansiedad retroalimentan el trastorno haciendo que no desaparezca, perpetuándolo, y haciendo que la persona se sienta en un callejón sin salida:

 

  • Sí afronto esta situación tendré un ataque de pánico.
  • Si no lo afronto no podré conseguir lo que quiero o me demandan

 

Es por esto que la persona comienza a desarrollar la agorafobia y/o el trastorno de pánico. Al final el individuo aprende qué un ataque de pánico es provocado por situaciones ambientales concretas o por síntomas corporales muy específicos y teme profundamente sentir ansiedad.

 

ESTIMA QUE LA ANSIEDAD ES PELIGROSA.

 

Cuando aparecen dichos síntomas la persona intenta controlar la ansiedad que le genera, al tiempo que interpreta en forma de pensamientos catastróficos lo que le está sucediendo ("me va a dar un infarto", "nadie me ayudará", "pensarán que estoy loco", "me volveré loco", "voy a morir", etc.). De seguido las sensaciones fisiológicas desaparecen rápidamente, la persona se intenta resistir pero no puede, de modo que sale corriendo de la situación y el malestar va disminuyendo hasta desaparecer.

 

"Llevo toda la vida siendo autosuficiente, independiente. Y de pronto un día es como si no pudiera conmigo mismo, como si el mundo fuese un peligro. Una amenaza para mí".

Esteban (34 años)

El problema va cogiendo forma

 

Tras este primer ataque la persona (o conato de crisis) acaba sintiéndose mejor tras evitar la situación (a la par que preocupada por la posibilidad de que se repita), lo que refuerza la conducta de evitacion cuándo aparece algún síntoma.

 

Un día estresante, en un contexto en el que normalmente la persona se encuentra segura (probablemente en el trabajo o sóla en casa), comienza a sentir las sensaciones y anticipa lo que va a suceder, aparecen de nuevo esos pensamientos ("estoy muy nervioso", "me va a dar algo", "esto no es normal", "intenta disimular") mientras las sensaciones se multiplican, el mareo se intensifica y aparece la sensación de desmayarse, la visión borrosa, etc., y antes de que todo esto concluya en un crisis de pánico, la persona que había salido corriendo de la situación se toma el ansiolítico que el médico le pautó trás describirle en consulta el primer suceso de ansiedad o pánico que tuvo. Vuelve a "librarse" de un crisis de pánico, continúan las dudas acerca de qué me sucede, qué me está pasando y por qué... La persona sigue creyendo que la ansiedad puede ser sumamente peligrosa y dañina, de modo que trata diariamente de no sentirla.

 

"Cada día que me he enfrentado a mi miedo me ha enseñado algo nuevo. Haces mil teorías, pero me quedo con una: soy capaz".

Carlos (35 años)

Conviviendo con los problemas

 

Unos días más tarde, la persona sigue rumieando y analizando de forma repetitiva (acerca de los síntomas y desarrollando una hipervigilancia sobre el cuerpo), se encuentra asustada y busca una explicación (a menudo concluyendo que la etiología es médica o biológica - lo cual resultaría más sencillo de abordar y enfrentar) sin mucho éxito. El médico que le atiende le comunica que tiene ansiedad, y poco tiempo después en una situación que no espera vuelve a sufrir otra crisis de pánico. 

 

Para cuándo la persona se encuentra en este punto podemos imaginar el grado de desesperación, necesidad de ayuda y miedo que siente. La vigilancia se extrema, la persona anticipa que determinados sitios le producirán una crisis de pánico y progresivamente decide evitar esos contextos. A todo esto, y en la medida en que afecta e influye en su vida, le denominamos trastorno de agorafobia con crisis de pánico. Con frecuencia, este aislamiento genera síntomas depresivos y la persona se siente cada vez más debilitada.

 

A veces la persona acude a consulta cuando el problema asoma la cabeza, pero en otras ha dejado de ir a trabajar, no ve a sus amigos o incluso ya no va ni a hacer la compra al supermercado de al lado de casa... Ahora trata de sobrevivir con el problema, de convivir con el sufrimiento, y anhela encontrar una solución que le "extraiga" toda esa ansiedad. 

 

Si te ves reflejado en esta experiencia: ve a terapia. Tiene solución.

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